El filtro no es una máscara que se pone encima de la cara: es una gestación, un embarazo monstruoso donde el rostro conocido empieza a pudrirse desde dentro para parir otra cosa que todavía no tiene nombre. Yo he visto —en la pantalla, en el temblor azulado del sensor— cómo la piel deja de ser límite y se vuelve caldo, líquido amniótico de píxeles donde el contorno de un hombre se disuelve en espirales, en ondas, en goteos que lo arrastran hacia abajo como si algo debajo de la imagen tirara de él con hilos invisibles, con esos hilos que la vieja Peta Ponce anudaba en la sombra para deshacer a las criaturas y volver a coserlas mal, con las costuras a la vista, con las cuencas cambiadas de lugar.
Porque toda máscara verdadera no oculta: infecta. Se pega a la carne y empieza a comérsela despacio, y lo que queda después no es un rostro con algo encima sino un rostro que ya es otra cosa, un imbunche cibernético cosido por el algoritmo, los orificios sellados uno a uno —los ojos tapados de bloques, la boca disuelta en ruido térmico, la voz que ya no puede salir porque el sistema decidió que ahí, exactamente ahí, terminaba lo humano y empezaba el fondo—. La segmentación es una costura. El código, una aguja. Y cada cuadro por segundo es una puntada más en ese cuerpo que la máquina rehace sin pedir permiso, sin anestesia, con la misma indiferencia con que la Casa devoraba viejas y las volvía muñecas, bultos, guaguas envueltas que ya no eran nadie.
Pixelar un rostro es practicarle la misma operación que le practicaban a las brujas del conventillo: reducirlo a bulto, a paquete, a algo que se pueda cargar sin que grite. Y sin embargo en ese bulto —ahí está lo obsceno, lo verdaderamente nocturno— sigue habiendo alguien adentro, respirando, moviéndose, empujando contra la tela de la máscara nueva que el algoritmo le cosió encima. El glitch es ese empujón. El ruido, esa respiración que se filtra. Ninguna imagen experimental está terminada: está siempre a medio parir, a medio coser, a medio pudrir, como los pasillos de la Casa que nunca se sabía si llevaban a un cuarto o a otro cuerpo.
Y así, frente a la cámara, cada quien se convierte en su propio Mudito: el que no puede decir quién es porque cada superficie reflectante —el espejo, la pantalla, el sensor que traduce calor en color— le devuelve una identidad distinta, cosida por otro, decidida por otro, y sin embargo tan suya, tan pegada a la piel real, que ya no se sabe dónde termina el disfraz y empieza el organismo. Lo grotesco no es la deformación: es descubrir que uno siempre estuvo dispuesto a deformarse, que bastaba una máscara —de tela vieja o de código— para que el rostro, agradecido, se disolviera.
TIPOGRAPHIC
FILTRO FOTOGRÁFICO WEB
William S. Burroughs consideraba el lenguaje una fuerza autónoma y parasitaria que habita la mente humana y se transmite como una infección cultural. Su objetivo literario era liberar la conciencia de las estructuras de control impuestas por el lenguaje lineal. Obras como The Ticket That Exploded, Nova Express y The Electronic Revolution desarrollan esta teoría, donde el lenguaje controla el pensamiento de modo similar a como un virus controla a su huésped.
Bajo esta presima elabore una genealogia del concepto de “Lenguaje como virus” y como esta se propago, se instalo e incidio atravez del tiempo en la escena cultural desde diversas aristas, tanto doctas como populares, artisticas, filosoficas, esticas e industriales.
Cree un filtro que remite a la estetica de “Matrix” e incorpore un mecanismo automatico que genera diapositivas con los acapites que constituyen dicha genealogia y los descarga como imagenes en tu dispositivo, ademas de funcionar como una suerte de “filtro fotografico” que tenciona abtracción y figuración a la vez que se apropia de los simbolos vaciados de significante para construir dichas imagenes.
TERMOGRAFIC
El uso de imágenes termográficas en el arte transforma la radiación infrarroja, invisible al ojo humano, en una paleta de colores que explora la relación entre el calor, la identidad y el entorno. Esta técnica, originalmente científica, ha sido adoptada por artistas para visualizar lo que normalmente permanece oculto: la energía térmica de los cuerpos y los espacios.
Cree este filtro que simula la capacidad de graficar información termica por medio de un sistema de reconocimiento de los cuerpos y una reasignación a la escala de los valores HSV. Para hablar, o talvez empezar a asimilar, que un contexto de producción post IA, toda imagen es una operación térmica que consume energía, desgasta materia y eleva la temperatura del sistema que la produce.
Crear hoy implica participar en una economía de calor donde los flujos de datos sustituyen la representación y transforman la mirada en infraestructura. La visualidad contemporánea arde entre la aceleración tecnológica y el agotamiento de sus recursos, revelando que cada imagen es un residuo energético y una huella política del régimen que la sostien.
GLITCH
El arte glitch es una práctica estética que utiliza errores digitales o analógicos deliberados, fallos, distorsiones, o corrupción de datos para crear imágenes y vídeos, transformando malfuncionamientos técnicos en expresión artística. Se caracteriza por píxeles desplazados, colores distorsionados, ruido estático y bloques de datos corruptos.
Celebtando la cultura del accidente artistico y el objeto encontrado, el colage y el decollage, desde sus inicios sentí gran fascinación por el Glitch Art como una traducción de estas practicas en un entorno y cultura digital. Durante años le dedique tiempo a esta practica por puro placer estico utilizando mecanismo rudimentarios, corrompiendo archivos, reescribiendo su codigo con procesadores de texto, fragmentando archivos, elimiando y restarurando archivos del disco duro.
Finalmente luego de años de esta practica elabore un catastro de los errores y elementos que constituyen un glitch “realista” y cree una interfaz digital que automatiza todos estos fallos a modo de filtro fotografico.